La última travesía a Ítaca no pretende sustituir la Odisea de Homero, sino dialogar con ella.
La idea de esta novela parte de una convicción sencilla: los grandes clásicos siguen vivos cuando se los vuelve a contar de forma que su estructura profunda pueda ser habitada de nuevo por lectores contemporáneos.
Qué se conserva
En esta relectura se han conservado varios elementos fundamentales del poema homérico:
los nombres principales
la lógica del regreso
la centralidad de Ítaca
la espera de Penélope
la maduración de Telémaco
las grandes pruebas del camino
la irrupción final en la casa ocupada
la restauración del orden legítimo
Qué se transforma
Lo que cambia es el escenario:
el mundo antiguo pasa a convertirse en un siglo XXII futurista
el mar deja paso a corredores, rutas y enclaves
las islas se traducen en estaciones, plataformas o mundos lejanos
ciertos monstruos se reinterpretan como sistemas, poderes o entornos capaces de deformar la memoria, la identidad o la voluntad
Por qué trasladar la historia al siglo XXII
Porque el problema de muchos lectores contemporáneos no es sólo el lenguaje del clásico, sino la distancia del mundo que éste presupone. Al trasladar la historia al siglo XXII, se intenta crear una mediación nueva: un espacio narrativo donde el lector pueda entrar con más facilidad sin perder por ello la profundidad de las preguntas originales.
Una transposición, no una simple actualización
La intención no ha sido “poner naves” donde antes había barcos ni “tecnología” donde antes había dioses o monstruos. Lo importante era encontrar equivalentes narrativos y simbólicos capaces de mantener la tensión moral de la obra original.
Por eso, en esta novela, cada etapa del viaje sigue planteando preguntas muy cercanas a las de Homero: qué significa seguir siendo uno mismo, qué ocurre cuando el hogar es invadido, qué papel juega la memoria, cómo se resiste a la tentación del olvido, qué diferencia hay entre sanar y deshumanizar, qué significa merecer de nuevo la casa.
El objetivo
El objetivo de esta relectura es doble:
por un lado, ofrecer una novela con entidad propia;
por otro, invitar al lector a volver también a la Odisea original.
Si esta historia consigue que alguien descubra o redescubra a Homero, habrá cumplido una parte importante de su misión.