El mundo del siglo XXII

La historia de La última travesía a Ítaca se desarrolla en un siglo XXII tecnológicamente avanzado, pero no utópico.

La humanidad ha ampliado enormemente su capacidad de desplazamiento, de intervención sobre la materia, de manipulación cognitiva y de organización de la vida a gran escala. Existen corredores de tránsito complejos, enclaves autónomos, plataformas de soporte, estaciones, colonias y sistemas capaces de alterar profundamente la experiencia del tiempo, del cuerpo y de la mente. Sin embargo, toda esa expansión técnica no ha eliminado los conflictos fundamentales de la condición humana. Sólo les ha dado nuevos escenarios.

Este mundo no es un paraíso. Tampoco una simple distopía. Es un espacio fragmentado, desigual y a menudo inestable, donde la guerra ha dejado huellas difíciles de borrar, donde los sistemas de poder adoptan formas sofisticadas y donde los individuos siguen enfrentándose a preguntas tan antiguas como el deber, la fidelidad, el miedo, la tentación y el deseo de hogar.

Ítaca en este nuevo mundo

Ítaca sigue siendo una isla, no necesariamente en el sentido antiguo, sino en un sentido más profundo: un lugar limitado, concreto, con identidad propia, con memoria y con una forma de orden que no depende de ser el centro del mundo.

En contraste con los grandes sistemas impersonales, Ítaca representa una forma humana de continuidad. No es una metrópoli imperial ni un laboratorio del porvenir. Es un hogar político, moral y afectivo. Precisamente por eso merece ser defendida.

El viaje

En esta relectura, el viaje de Ulises ya no transcurre entre mares e islas tal como los imaginaba el mundo antiguo. Ahora atraviesa corredores, estaciones, enclaves, zonas de tránsito degradadas, plataformas de memoria, refugios tecnológicos y espacios donde la manipulación del deseo, del recuerdo o de la identidad sustituye a los monstruos antiguos.

Y, sin embargo, la lógica profunda sigue siendo la misma: cada etapa pone a prueba algo esencial del protagonista.

El gran conflicto del siglo XXII

Si hubiera que resumir el corazón del mundo narrativo de esta novela, podría hacerse así:

La técnica ha avanzado mucho.
La condición humana, no necesariamente.

El siglo XXII de La última travesía a Ítaca es un mundo donde existen nuevas herramientas para olvidar, alterar, seducir, reorganizar, vigilar, corregir o domesticar. Pero también es un mundo donde sigue siendo posible resistir, recordar, volver y defender el hogar.